Hipócrates de Cos

 

Hipocrates 1

 

Medico griego natural de la isla de Cos, en el archipiélago de las Esporadas del Mar Egeo, que vivió entre los años 460 y 375 a.C. y fue llamado el Grande.

Es considerado como el Padre de la Medicina, aunque también se le cita como el Padre de la Cardiología, por sus observaciones aplicables.

Su método se basaba en la observación y la experiencia (medicina basada en la evidencia), para el tratamiento de las enfermedades, atribuyendo su causalidad como parte de la naturaleza y no como la intervención de la mano de los dioses o el producto de fenómenos mágicos o religiosos.

En su trabajo describe el cuerpo humano como un estado de equilibrio de los cuatro humores o líquidos fundamentales: la flema (el agua), la bilis amarilla (el fuego), la bilis negra (la tierra) y la sangre (el aire). "Diversas situaciones hacen que se altere este equilibrio y que aparezca el estado de enfermedad". Estas ideas fueron posteriormente desarrolladas por Galeno y permanecieron hasta la Ilustración.

En su trabajo "Aforismos" o sentencias hizo referencia a la importancia del cuándo en la aparición y progresión de las enfermedades. Este hecho le ha servido para que sea citado como el padre de la cronopatología.

 

Traducción de "Aforismos" de 1779 2

Traducción de "Aforismos" de 1496 3

 

¿Cuales son las sentencias de Hipócrates?

1. En las estaciones del año, el tránsito de una a otra, y dentro de cada estación las grandes mudanzas ya de calor, ya de frío u otras a este tenor, son causa de muchas enfermedades.

2. Hay complexiones que se adaptan mejor al frío que al calor, y otras al contrario.

3. Hay enfermedades que se asocian fácilmente con otras, y enfermedades que se excluyen entre sí; hay también edades que piden o rehúsan ciertas estaciones, climas y métodos de vida.

4. Cuando en cualquier estación hace ya calor, ya frío en un mismo día, no extrañes que aparezcan las enfermedades del otoño.

5. El austro entorpece los oídos, obscurece la vista, carga la cabeza y deja el cuerpo lánguido y perezoso. Cuando reina, se notan en los enfermos los síntomas indicados. El aquilón produce toses, ronqueras, retenciones de vientre, dificultades de orinar, horripilaciones, dolores de costado y de pecho. Mientras domine dicho viento, no se extrañe ver en los enfermos semejantes accidentes.

6. Cuando el estío parece una primavera, disponte a ver en las fiebres sudores copiosos.

7. En tiempos de gran sequedad las fiebres se hacen aguda y si el año en su mayor parte fuere tal como la constitución dominante, las enfermedades seguirán el mismo rumbo.

8. En las estaciones regulares, cuando las circunstancias propias del tiempo se suceden según el orden debido, las enfermedades siguen un rumbo constante y son fáciles de juzgar; pero en las irregulares se presentan con mucha variedad y se juzgan difícilmente.


9. Las enfermedades en el otoño son muy agudas y graves en extremo; la primavera es muy saludable y poco mortífera.

10. El otoño es mala estación para los tísicos.

11. Hablando de las estaciones del año, si el invierno es seco y dominan vientos del norte, y la primavera lluviosa con vientos de mediodía, habrá forzosamente en el estío fiebres agudas, oftalmías y disenterías, especialmente en las mujeres y en los hombres de temperamento húmedo.

12. Mas si el invierno es lluvioso y templado, y reinan vientos del sur, y la primavera seca y fatigada de vientos del norte, las mujeres a las cuales corresponde parir en ella, abortarán con el más leve motivo; o si llegan a parir, tendrán hijos tan endebles o enfermizos, que o bien morirán desde luego, o se criarán enclenques y valetudinarios. Las demás gentes padecerán disenterías y oftalmías secas, y los viejos, catarros que les quitarán la vida en breve tiempo.

13. Si el estío es seco y septentrional y el otoño lluvioso y austral, habrá en el invierno dolores de cabeza, toses, ronqueras, corizas y algunas tisis.

14. Si el otoño es septentrional y sin lluvias, será favorable a las mujeres ya los que son de complexión húmeda; pero los demás estarán expuestos a oftalmías secas, fiebres agudas y corizas tenaces, y algunos padecerán afecciones melancólicas.

15. En todas las estaciones del año, por lo común los tiempos secos son más saludables y menos mortíferos que los lluviosos.

16. En tiempos de lluvias frecuentes se forman enfermedades y fiebres de larga duración, diarreas, putrefacciones, epilepsias, apoplejías y anginas; en los de sequedad, consunciones, oftalmías, artritis, estrangurias y disenterías.

17. En punto a las constituciones cotidianas, los vientos septentrionales, aprietan las carnes, dan robustez, buen color y agilidad al cuerpo y perspicacia al oído; pero restriñen el vientre, mortifican la vista y aumentan el dolor de la región del tórax a los que ya le padecen. Los vientos australes aflojan y humedecen el cuerpo, entorpecen el oído, causan vértigos que perturban la vista, cargazón de cabeza, pesadez en los movimientos y laxitud de vientre.

18. Volviendo a las estaciones, en la primavera y entrada de verano, los niños y los próximos a la infancia gozan buena salud y están alegres. Los viejos en el estío y parte del otoño, y los de mediana edad en lo restante de la misma estación y en el invierno.

19. En todas las estaciones aparecen enfermedades de toda especie, pero hay dolencias que son más frecuentes y graves en unos tiempos que en otros.

20. La primavera produce perturbaciones mentales, melancolías, epilepsias, flujos de sangre, anginas, corizas, ronqueras, toses, lepra, herpes, alfos, multitud de pústulas ulcerosas, tubérculos y dolores articulares.

21. En el verano, algunas de las referidas dolencias, fiebres continuas, ardientes, abundancia de tercianas y cuartanas, vómitos, diarreas, oftalmías, dolor de oídos, llagas en la boca, corrupción de las partes generativas y pústulas sudorales y fiebres erráticas, las afecciones del brazo, las hidropesías, tisis, estrangurias, lienterías, disenterías, dolores ciáticos, anginas, asma, vólvulos, epilepsias, aberraciones mentales y afectos hipocondríacos.

22. En otoño, además de una gran parte de las enfermedades del estío, abundan las cuartanas.

23. Del invierno son propias las pleuresías, perineumonías, letargos, corizas, ronqueras, toses, dolores de pecho, de costado, de lomos y de cabeza, vértigos y apoplejías.

24. En orden a las edades sucede lo siguiente: los niños muy tiernos padecen vigilias, vómitos, toses, espantos, inflamaciones umbilicales, fluxiones de oídos.

25. Hacia el tiempo de la dentición sobreviene la picazón de las encías, las fiebres, convulsiones y diarreas, principalmente al echar los colmillos, y más si los niños están muy gordos y son estreñidos habitualmente.

26. Cuando están ya más adelantados en edad, vienen las inflamaciones tonsilares, la inclinación de la vértebra occipital hacia dentro, el asma, los cálculos urinarios, las lombrices, las ascárides, las verrugas de pezón, la satiriasis, la estranguria, los lamparones y toda especie de tumores, especialmente los ya indicados.

27. Algunos años después, y cuando ya se aproximan a la pubertad, están expuestos a muchas de las enfermedades enunciadas, fiebres pertinaces ya flujos de sangre por la nariz.

28. La mayor parte de las dolencias de la infancia se juzgan unas en el término de cuarenta días, otras en el de siete meses, otras en el de siete años, y otras al entrar en la pubertad. Pero las que se mantienen reacias y no desaparecen a esta época, y en las muchachas hacia la de la evacuación menstrual, suelen durar toda la vida.

29. Los jóvenes están expuestos a padecer esputos de sangre, tisis, fiebres agudas, epilepsias y otras enfermedades, principalmente las ya referidas.

30. En pasando de esta edad reinan el asma, las pleuresías, las perineumonías, el letargo, el frenesí, las fiebres ardientes, las diarreas pertinaces, las cóleras, las disenterías, las lienterías y las almorranas.

31. Los viejos padecen dificultad de respirar, toses catarrales, estrangurias, disurias, dolores articulares y nefríticos, vértigos, apoplejías, caquexias, comezón general, vigilias, laxitud de vientre, fluxiones de ojos y narices, ofuscación de la vista, glaucoma y torpeza de oídos. 4

 

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